24/03/2024

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24 de marzo: sobreviviente trans cuenta su infierno en el Pozo de Banfield

"Ahí estuve 14 días secuestrada. Tengo 66 años y siento que entonces estuve en el infierno", aseguró. El próximo martes se leerá el veredicto en la causa "Brigadas" contra 18 represores, en la que declaró en noviembre de 2022.

Valeria del Mar Ramírez, la primera mujer trans en ser querellante en un juicio de lesa humanidad, consideró su secuestro en el ex centro clandestino de detención ilegal de "El Pozo de Banfield", durante la última dictadura cívico militar, como "un antes y un después" en su vida, que le dejó "heridas" en su cuerpo difíciles de reparar, al brindar nuevamente su testimonio en vísperas del 24 de marzo, cuando se conmemora el Día Nacional de la Memoria, la Verdad y la Justicia.

En noviembre de 2022, Valeria se convirtió en la primera mujer trans que declaró en la causa "Brigadas", en el cual son juzgados 18 represores por los crímenes cometidos en los centros clandestinos de "El Pozo de Banfield", "El Pozo de Quilmes" y "El Infierno", que funcionó en Avellaneda.

En esta causa, cuya sentencia se leerá el próximo martes a las 13.30 en el Tribunal Oral Federal N° 1 de La Plata, también declararon otras cinco sobrevivientes trans, con el fin de demostrar que existió un el plan sistemático de persecución hacia el colectivo travesti trans en tiempos del terrorismo de Estado.

Fotos: Somos TÉLAM

Sentada en una mesa amplia de la Casa Roja, perteneciente a la Asociación de Mujeres Meretrices de Argentina (ANMAR, el sindicato de trabajadoras sexuales que lidera), Valeria le confió a Somos Télam que espera la sentencia "con angustia" porque le hace rememorar lo vivido e incluso por momentos siente "temor" en las horas previas al veredicto.

Valeria fue detenida ilegalmente por primera vez a sus 22 años, en 1976, durante una razzia policial, y nuevamente resultó apresada en 1977, cuando una patota la "levantó" en Camino de Cintura, y permaneció secuestrada durante dos semanas en "El Pozo de Banfield"..

"Ahí estuve 14 días secuestrada. Tengo 66 años y siento que entonces estuve en el infierno", contó Valeria 47 años después de su paso por este centro clandestino, en el que estuvieron secuestradas alrededor de 440 personas, de las cuales 170 fueron asesinadas o desaparecidas, según la Dirección de Sitios y Espacios para la Memoria de Provincia de Buenos Aires.

- ¿Cómo fue que la llevaron detenida ilegalmente a "El Pozo de Banfield"?

- Las dos veces estaba trabajando en Camino de Cintura. La primera fue en una razzia. Vino un patrullero y nos empezaron a levantar a todas. Las que pudieron escapar, escaparon. A las demás nos fueron repartiendo y a Romina (una compañera) y a mí nos llevaron a la comisaría de Banfield. La segunda vez fue a principios de 1977, cuando estuve 14 días. Estábamos con Romina, que se iba a quedar un rato más trabajando, cuando llega un Ford Falcon. Sin decirnos nada, unos tipos nos agarran del brazo a las dos y yo decía "qué les pasa, por qué nos llevan", mientras ellos nos pegaban en la cabeza. Nos llevaron y llegamos a un lugar. Sentimos una chapa que se abrió, como un portón. Levanté la cabeza y vi que enfrente era todo campo. Entonces cerraron el portón y había un policía, que hasta el día de hoy parece que lo tengo en la mente, que avisó por radio: "Acá están las dos cachorras que habían pedido".

- ¿Qué vio o escuchó sobre las otras personas detenidas?

- Una mañana me estaba bañando, sentí gritar a una mujer y una "milica" vino corriendo y le decía "tirate acá que ya viene". Estaba pariendo. Sentí llorar a un bebé y después escuché a la "milica" que le decía a la mujer: "Limpiá toda la mugre que es tuya, la hiciste vos". La chica estaba con un vestido abotonado, llena de sangre. Yo la ayudé, le dije que le llenaba el balde de agua. Ahí la "milica" se dio cuenta y le dijo a su compañero militar: "¿Qué hace ese puto ahí?". Vino corriendo y me sacó de los pelos, arrastrándome desnuda hasta mi celda y así me dejaron hasta el día siguiente. Vi que al bebé lo tenía el militar. No supe si era nene o nena, después me enteré de que había sido una nena.

- ¿Cómo impactaron estas situaciones en su vida?

- Hubo una transformación en mi vida después de "El Pozo de Banfield", por todo lo que viví ahí. Una cosa es elegir estar con una o más personas, pero otra cosa es que los milicos se metan en el buzón (celda individual donde estaba cautiva) y te abusen para ofrecerte a cambio un plato de comida. No podía defenderme. ¿Quién me iba a defender. Una sale de ahí cambiada y las heridas no me las saca nadie del cuerpo. Me hace mal recordar lo que yo pasé ahí, recordar esa mujer tirada, esa criatura y todo lo que me hicieron a mí. Sentía que era el final de mi vida. Había que tener mucho valor para salir nosotras a los 20 años en plena dictadura y ser quienes éramos, hacer lo que hacíamos. Nosotras no sabíamos lo que estaba pasando en el país, nos enteramos cuando salimos del Pozo de Banfield.

- Después de haber vivido eso, ¿qué es la libertad para vos?

- Como siempre digo, quien no estuvo nunca encerrado tras las rejas, no sabe lo que es la libertad.

- ¿Cómo fue tu vida luego de la detención? ¿Tuviste que modificar la forma en que expresabas tu identidad?

- Después que estuve detenida, unos vecinos le recomendaron un abogado a mi mamá y él hizo un habeas corpus y me sacó (del Pozo de Banfield). Me dijo que lo que hizo le costó bastante problema con otros abogados - sacar un puto en la dictadura de la policía-, y que no apareciera más en Camino de Cintura porque si no iba a aparecer en un zanjón. Así que cuando salí del Pozo de Banfield fui a un criadero de conejos en Rafael Calzada, tuve que esconderme ahí. Tuve miedo, estaba incomunicada con todas. Me corté el pelo y me tuve que disfrazar de nuevo de Oscar, hasta que en los 90 me vine a Ciudad de Buenos Aires a trabajar. Te quitan la libertad de ser quien sos, pero tenía miedo. Me preocupaba mi familia.

- Después de ese período de resguardo, ¿cómo comenzaste tu militancia?

- Primero empecé con Fundación Buenos Aires Sida, con la concientización del uso de profilácticos y la prevención de enfermedades de transmisión sexual, y después fui presidenta del Archivo de la Memoria de la Diversidad Sexual en la Ex Esma. Con Hebe (de Bonafini) siempre teníamos ese problema, ella decía eran 30.000 y yo le decía que no contaba al colectivo homosexual. Después hicimos encuestas para ver la cantidad de personas del colectivo que habían sido afectadas y terminé haciendo el Archivo, que recibió el apoyo de Hebe y de Estela de Carlotto. Después, creé la Casa Roja con la idea de tener una casa integral para las trabajadoras sexuales, donde abordemos salud, educación, capacitaciones y apoyo con asistentes sociales. Somos un sindicato de trabajadoras sexuales y hacemos todo esto no sólo para las compañeras, sino también para la comunidad, para el barrio. Hace dos semanas, (Ammar) cumplió 29 años.

- ¿Cuáles son los reclamos actuales del colectivo?

- Toda la vida fuimos violentadas por la policía, llega un punto en que te sacan. Hay chicas de 65 años que todavía viven de un subsidio habitacional o de un Potenciar Trabajo. No tienen una reparación histórica por todo lo que vivimos. Deberíamos tener una jubilación de privilegio por todo lo que le pagamos a la policía para que nos deje vivir y trabajar. Salí a trabajar a los 20 años y en diciembre cumplí 67, imaginate los años que tengo de calabozos, si caíamos todo el tiempo... Y estamos con jubilaciones mínimas que a veces no alcanzan ni para comer. Lo que queremos es ser reconocidas como trabajadoras sexuales, tener una jubilación digna como tienen todos, que nuestros hijos tengan acceso a la educación, tener acceso a la salud, a la vivienda. Que nos den la reparación histórica por lesa humanidad después de décadas. Recién ahora yo estoy pudiendo recibir un subsidio, después de 20 años, en mi vejez.

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