05/06/2026
El
femicidio de Agostina Vega dejó al descubierto varias cosas a la vez. Un crimen
atroz. Fallas en el sistema judicial. Y una trama política incómoda que
aterrizó directo en el Palacio 6 de Julio: el hombre imputado por el asesinato
de la adolescente de 14 años trabajaba como becario en la Dirección de Tránsito
municipal, y había llegado ahí de la mano de un concejal peronista que además
fue su abogado defensor en una causa previa.
Para
cualquier intendente, ese es el peor escenario posible. La pregunta era cómo
iba a responder.
Lo
que hizo, paso a paso
La
respuesta de Daniel Passerini no fue la que el manual de la elusión política
hubiera recomendado. No hubo silencio, no hubo comunicado técnico para diluir
responsabilidades, no hubo funcionarios mandados al frente mientras el jefe se
parapetaba.
Passerini
salió a hablar. Y dijo algo que en la política argentina cuesta pronunciar: que
el máximo responsable de lo que pasa en la Municipalidad es él.
Esa
frase tiene un peso específico que vale la pena medir. No es una confesión
judicial. Es una decisión de conducción: asumir que cuando algo falla en la
estructura que uno dirige, la rendición de cuentas empieza por arriba. En un
contexto donde lo habitual es repartir culpas hacia abajo o invocar la
complejidad del sistema, el gesto tiene una dimensión política real.
A
eso le siguieron acciones concretas y rápidas. Pidió la renuncia del concejal
Ricardo Moreno desde el primer día. Cuando Moreno se negó, el municipio
encontró la maniobra institucional para sacarlo igualmente, haciendo regresar a
Raúl La Cava a su banca. Ordenó las renuncias de toda la cúpula de la
Subsecretaría de Movilidad y Tránsito. Puso a disposición de la Justicia el
legajo completo de Barrelier. Y envió al Deliberante un proyecto de ordenanza
para extender los controles de antecedentes penales y narcotest a la totalidad
del personal municipal, algo que hasta ahora solo se exigía a los funcionarios
políticos.
Lo
que no cierra y hay que decirlo
Una
lectura honesta no puede ignorar lo que la crisis también expuso. El municipio
no supo -o no fue notificado- de que Barrelier había estado detenido veinte
días en 2025 por privación ilegítima de la libertad y luego volvió a sus
funciones sin que se activara ninguna alerta. Esa es una falla de sistema que
las renuncias no borran por sí solas. La ordenanza que se está impulsando
existe precisamente porque ese sistema tenía un agujero que nadie había
cerrado.
Reconocerlo no invalida lo que se hizo bien esta semana. Lo enmarca con honestidad.

Passerini eligió hablar antes de que la presión lo aplastara.
Por
qué importa la forma
En
política, los gestos de conducción en momentos de crisis dejan huella más
profunda que cualquier campaña de comunicación. La ciudadanía tiene un radar
fino para distinguir entre el político que da la cara porque no le queda otra y
el que lo hace antes de que lo obliguen.
Passerini
eligió hablar antes de que la presión lo aplastara. Eso no resuelve el dolor de
la familia de Agostina, ni cierra la investigación judicial, ni garantiza que
el sistema transformado funcione mejor. Pero marca una diferencia de estilo de
liderazgo que, en una Córdoba que viene exigiendo otra política, no es un
detalle menor.
Lo
que viene ahora -la aplicación efectiva de la ordenanza, la nueva conducción en
Tránsito, el seguimiento real de los controles- va a ser la verdadera prueba.
Las crisis no se cierran con declaraciones. Se cierran con resultados.
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5 de junio de 2026
5 de junio de 2026