22/09/2026
Un informe de la UBA confirma que los servicios públicos insumen el 14,6% del ingreso promedio familiar en Capital y el conurbano. La quita de subsidios y los constantes aumentos achican cada vez más el margen para comprar comida y llegar a fin de mes.
El impacto de las tarifas en el presupuesto familiar volvió a marcar un fuerte incremento en la Región Metropolitana. Un informe elaborado por el Instituto de Investigación de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires (UBA) reveló que una familia tipo del Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA) necesita destinar el 14,6% del salario promedio registrado únicamente para cubrir las canastas de luz, agua, gas y transporte público.
La cifra refleja una profunda reconfiguración en el peso de las tarifas dentro de la estructura de gastos de la clase media y trabajadora.

Un informe de la UBA confirma que los servicios públicos insumen el 14,6% del ingreso promedio familiar en Capital y el conurbano. La quita de subsidios y los constantes aumentos achican cada vez más el margen para comprar comida y llegar a fin de mes.
El análisis desagregado de las boletas residenciales expone cómo se distribuye la erogación mensual de los hogares:
Pérdida de subsidios e incremento real: El estudio remarca que la quita progresiva de subsidios estatales, combinada con los reajustes periódicos de las distribuidoras, triplicó la participación porcentual del gasto en servicios respecto de los registros de años anteriores.
El transporte encabeza el peso mensual: El boleto de colectivo y tren representa la mayor porción individual del desembolso dentro de la canasta de servicios para un hogar promedio donde trabajan dos personas y concurren a establecimientos educativos.
Disparidad regional: Si bien el AMBA históricamente registró tarifas más retrasadas frente al resto de las provincias, el acelerado ritmo de actualización recortó significativamente la brecha con los cuadros tarifarios del interior del país.
Economistas de la casa de altos estudios advierten que la rigidez de estos gastos -que no pueden postergarse ni reducirse fácilmente a cero- repercute de forma directa en el consumo masivo.
Al destinar una porción cada vez mayor del ingreso neto mensual a los servicios esenciales, las familias se ven obligadas a restringir consumos secundarios, derivando parte del saldo restante a la compra de alimentos o recurriendo al financiamiento con tarjeta de crédito para saldar los compromisos fijos.
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