05/02/2026
El proyecto enviado al Senado flexibiliza jornadas, debilita sindicatos y reduce derechos. Un informe del CELS alerta por retrocesos.
Un análisis del Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS) advierte que la reforma laboral que pretende el Gobierno Nacional implica un retroceso estructural tanto para el empleo registrado, como para el informal, al desplazar al Estado de su rol constitucional de mediación y protección en el mundo del trabajo.
Según el CELS, el proyecto flexibiliza las condiciones de contratación, desprotege a quienes trabajan y refuerza privilegios patronales. En paralelo, debilita los mecanismos de control estatal y judicial, lo que impacta de lleno en la parte más vulnerable de la relación laboral.
La reforma afecta la estabilidad laboral, extiende la jornada de trabajo, altera el reconocimiento del descanso y debilita la protección frente a enfermedades, accidentes y despidos arbitrarios. Además, limita derechos colectivos como la huelga, la libertad sindical y la negociación colectiva, con mayor impacto en mujeres y personas en condiciones precarias o informales.

Uno de los puntos centrales del proyecto habilita jornadas de hasta 12 horas diarias y reemplaza el pago de horas extras por sistemas de compensación definidos mediante acuerdos individuales. El CELS advierte que la reforma parte de una premisa irreal: que quienes trabajan pueden negociar en igualdad de condiciones con sus empleadores, sin presiones ni asimetrías. En un contexto de alta informalidad y precarización, esa lógica favorece la imposición empresarial sobre los derechos laborales.
La iniciativa elimina la obligación patronal de mantener el salario durante una enfermedad. En esos casos, el empleador podría reasignar tareas con una remuneración menor, reduciendo ingresos en un momento de mayor vulnerabilidad.
Además, en los despidos injustificados se excluyen del cálculo indemnizatorio conceptos como aguinaldo, vacaciones y premios, estableciendo la antigüedad como techo máximo de cualquier reclamo.

El proyecto crea el Fondo de Asistencia Laboral, que reemplaza el esquema tradicional de indemnizaciones y permite pagarlas en hasta 12 cuotas, licuando su valor real. El fondo se financiaría con el 3% de los aportes a la seguridad social, lo que implicaría un desfinanciamiento del sistema previsional.
El CELS remarca que el fondo solo cubriría relaciones laborales de más de doce meses y excluye al empleo no registrado, dejando fuera a quienes trabajan en la informalidad.
La reforma amplía el período de prueba para las trabajadoras de casas particulares de 30 días a seis meses, lo que incrementa el riesgo de despidos sin protección. La medida impacta especialmente en mujeres, migrantes y sectores históricamente precarizados.
El proyecto amplía la definición de servicios esenciales y prohíbe la huelga en una gran cantidad de actividades. En la práctica, esto impediría parar a casi el 43% de los trabajadores, vaciando de contenido el derecho a huelga.
Además, prioriza los convenios por empresa sobre los convenios colectivos, avanzando contra la ley 12.250, que establece la aplicación del convenio más favorable. Este cambio fragmenta la negociación colectiva y expone a quienes trabajan a negociar en condiciones de mayor debilidad frente al empleador.
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