30/03/2026
Al cumplirse seis años del crimen en Villa Gesell, el joven condenado a 15 años de prisión relató su versión de la madrugada fatal. Afirmó que grabó la pelea para proteger a sus compañeros de los patovicas y que su única intervención física fue para liberar a Blas Cinalli de un forcejeo.
Desde el penal donde cumple su condena como partícipe secundario, Lucas Pertossi rompió el silencio para reconstruir las horas previas y el desenlace del asesinato de Fernando Báez Sosa.
En un relato que busca despegarse de la figura de la premeditación, el joven insistió en que el grupo no salió esa noche con la intención de matar y que los incidentes dentro del boliche Le Brique fueron el detonante de una tragedia que, según sus palabras, no supo dimensionar en el momento.
La reconstrucción de Pertossi comenzó con el altercado dentro del local bailable, donde señaló un accionar violento por parte del personal de seguridad. Según el condenado, decidió registrar las imágenes con su celular porque temía que los empleados golpearan a sus amigos, específicamente a Matías Benicelli y Máximo Thomsen.
"Escuché a un patovica decir 'a este sacalo por la cocina, vamos a darle'", afirmó, justificando así el inicio de la grabación que luego se convertiría en una de las pruebas principales del juicio.

Afirmó que grabó la pelea para proteger a sus compañeros de los patovicas y que su única intervención física fue para liberar a Blas Cinalli de un forcejeo.
Ya en la vía pública, Pertossi describió una secuencia vertiginosa de gritos y corridas. En su declaración, admitió haber intervenido en una gresca lateral para defender a Blas Cinalli, quien supuestamente estaba siendo retenido por otro joven, identificado como Tomás D'Alessandro.
"Le pegué una o dos patadas, no para lastimarlo, sino para que lo suelte", explicó, intentando minimizar su participación en la violencia física generalizada que terminó con la vida del estudiante de abogacía.
Sobre el ataque directo a Fernando, el joven mantuvo una postura de desconocimiento absoluto del centro de la escena. Aseguró que nunca vio a Thomsen ni a Báez Sosa durante el epicentro de la golpiza debido al "quilombo" y los gritos que rodeaban el lugar. Aunque expresó arrepentimiento por no haber hecho nada para evitar el desenlace, reiteró que la situación lo desbordó y que en ningún momento consideró que la pelea terminaría en un homicidio, reforzando la estrategia de su nueva defensa que busca cuestionar la sentencia de la justicia de Dolores.
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