20/05/2026
En medio del deterioro del sistema de salud bonaerense, el mandatario provincial reparte culpas hacia Nación y municipios mientras crecen las deudas con el Garrahan y la crisis de IOMA. Gobernar no es señalar: es hacerse cargo.
En plena crisis sanitaria en la provincia de Buenos Aires, el gobernador Axel Kicillof volvió a desplegar una estrategia conocida: señalar hacia arriba y hacia abajo. Esta vez, con intendentes como audiencia, cargó contra el presidente Javier Milei y, al mismo tiempo, dejó entrever que los municipios deben absorber el impacto del colapso del sistema.
El problema es evidente: en ese reparto de culpas, el rol de la Provincia queda diluido, como si la conducción del sistema sanitario no fuera su responsabilidad directa.
Durante el encuentro en La Plata, Kicillof habló de una "catástrofe sanitaria" y cuestionó con dureza las políticas nacionales. Sin embargo, en paralelo, el mensaje hacia los intendentes fue claro: deberán sostener una demanda creciente con recursos cada vez más limitados.
Esa dinámica no es nueva. Los municipios vienen absorbiendo pacientes, cubriendo faltantes y sosteniendo hospitales locales ante el colapso progresivo del sistema. Pero la pregunta es inevitable: ¿hasta cuándo puede un intendente reemplazar la función de la Provincia?
Porque la salud pública bonaerense no es municipal: es provincial. Y la responsabilidad de su planificación, financiamiento y funcionamiento recae, en última instancia, en el gobernador.
Hice un proyecto de ley que está a favor de resguardar la vida de las personas. Por eso propuse declarar la emergencia humanitaria y sanitaria. Esto no es una bandera partidaria ni una discusión electoral. Cuando está en riesgo la salud y la vida de la gente, el Estado tiene la... pic.twitter.com/ukat3UNlzR
Uno de los puntos más sensibles, incluso señalado por intendentes opositores, es la situación del IOMA.
Lejos de ser un actor menor, IOMA debería ser una columna vertebral del sistema. Sin embargo, acumula reclamos por demoras, falta de cobertura y deudas con prestadores. Cuando falla, el efecto es inmediato: más presión sobre hospitales públicos ya saturados.
No se trata de un problema heredado ni exclusivamente financiero. Es, sobre todo, un problema de gestión.
Mientras el discurso oficial insiste en la falta de fondos nacionales, hay compromisos que dependen directamente de la administración provincial. Entre ellos, las deudas con el Hospital Garrahan, una institución clave para miles de bonaerenses.
Estos atrasos no son un detalle técnico: impactan en el funcionamiento de uno de los centros de salud más importantes del país. Y vuelven a poner en evidencia que el problema no es solo cuánto dinero hay, sino cómo se administra.
El acto en La Plata tuvo un fuerte tono político. En la antesala de una movilización del sector, Kicillof buscó posicionarse como referente opositor, con críticas directas a Milei y un relato centrado en los recortes nacionales.
Pero incluso dentro del propio espacio oficialista, la escena dejó señales de tensión. Intendentes que asisten por necesidad, reclamos que se acumulan y una gestión que no logra dar respuestas estructurales.
La crisis sanitaria no distingue discursos: se mide en guardias colapsadas, turnos que no llegan y pacientes que esperan.
Hay una diferencia clave entre explicar una crisis y gestionarla. Señalar a la Nación puede ser parte del diagnóstico. Delegar en los municipios, una salida transitoria. Pero ninguna de esas estrategias reemplaza la responsabilidad central de gobernar.
La salud en la provincia de Buenos Aires muestra signos de deterioro hace tiempo. Y en ese contexto, el rol del gobernador no puede ser el de un observador crítico, sino el de quien toma decisiones y ordena el sistema.
Porque gobernar no es administrar la abundancia. Con recursos, cualquiera gestiona. El verdadero desafío es hacerlo cuando faltan, priorizando, organizando y dando respuestas concretas.
Y hoy, en la provincia, esa respuesta todavía no aparece.
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20 de mayo de 2026