20/08/2026
El consumo promedio se ubicó en 46,3 kilos por habitante al año y el mercado interno cayó 12% entre enero y julio. Carniceros advierten que las familias compran menos cantidad, eligen cortes más baratos y reemplazan parte de la carne vacuna por pollo y cerdo.
El consumo de carne vacuna en Argentina volvió a retroceder durante 2026 y alcanzó su nivel más bajo en más de dos décadas. Entre enero y julio, el volumen destinado al mercado interno cayó 12% interanual, mientras que el consumo promedio se ubicó en julio en 46,3 kilos por habitante al año.
La cifra representa una baja del 9,4% frente al mismo período de 2025, equivalente a 4,8 kilos menos por persona, según el último informe de la Cámara de la Industria y el Comercio de Carnes y Derivados de la República Argentina (CICCRA).
Durante los primeros siete meses del año, el consumo aparente destinado al mercado interno alcanzó 1,202 millones de toneladas equivalente carne con hueso.
Esto significó una reducción de aproximadamente 163.400 toneladas frente al mismo período del año pasado.
El promedio móvil de consumo por habitante cayó así hasta los 46,3 kilos anuales, profundizando una tendencia que modifica uno de los hábitos alimentarios históricamente más asociados con los argentinos.
La caída también se observa en los comercios.
Carniceros consultados describieron un comportamiento marcado por compras de menor volumen y decisiones cada vez más condicionadas por el dinero disponible.
Diego Salvo, comerciante de Mataderos, aseguró que sus ventas se encuentran entre 30% y 40% por debajo de las registradas hace una década.
Según explicó, clientes que antes compraban dos kilos ahora llevan uno, mientras que quienes adquirían un kilo redujeron sus compras a medio kilo.
El cambio en los hábitos también aparece en otras ciudades.
En Córdoba capital, el carnicero Sergio Pepelo señaló que parte de los consumidores dejó de pedir una cantidad específica y directamente informa cuánto dinero tiene disponible para gastar.
En ese contexto, aumentó la búsqueda de cortes económicos y la carne picada ganó protagonismo como una alternativa para reducir el gasto.
El precio dejó así de definir solamente qué corte se compra y comenzó a determinar también cuánta carne llega a la mesa.
La caída no implica necesariamente una reducción equivalente en el consumo total de proteínas animales.
Parte de los hogares reemplaza cortes vacunos por pollo y cerdo, que suelen presentar precios inferiores.
Uno de los relevamientos citados ubicó en Buenos Aires el kilo de pollo alrededor de los $3.500, mientras que la carne picada vacuna más económica rondaba los $12.000.
La diferencia de valores favorece la sustitución, especialmente entre las familias con menor margen de gasto.
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La reducción del consumo interno coincide con una menor producción.
Entre enero y julio, la industria frigorífica faenó 7,09 millones de cabezas, un 9,8% menos que durante el mismo período de 2025.
La producción alcanzó 1,689 millones de toneladas res con hueso, con una caída interanual del 6,8%.
CICCRA vinculó parte de esa menor disponibilidad de hacienda con un proceso de retención de hembras después de varios años de liquidación de vientres.
Durante julio, la participación de las hembras sobre el total de la faena descendió al 44,3%.
Según el análisis sectorial, ese porcentaje resulta compatible con una etapa de mayor retención orientada a preservar y recomponer el stock.
Una menor faena de hembras puede contribuir a mejorar la disponibilidad futura de hacienda, aunque en el corto plazo también reduce la oferta de animales destinados a producción.
A diferencia del consumo doméstico, las ventas al exterior mostraron una evolución positiva.
Entre enero y julio, las exportaciones alcanzaron 487.200 toneladas equivalente res con hueso, un 8,8% más que un año atrás.
Estados Unidos, China e Israel estuvieron entre los mercados que impulsaron el crecimiento.
El avance exportador incrementó así la participación de las ventas externas sobre el volumen total producido.

La combinación de menor poder adquisitivo, caída de la faena y crecimiento de las exportaciones está modificando la relación de los consumidores con la carne vacuna.
Las familias reducen cantidades, reemplazan cortes tradicionales por alternativas más económicas y recurren con mayor frecuencia al pollo y al cerdo.
Con un consumo de 46,3 kilos por habitante al año, la carne vacuna atraviesa uno de sus pisos históricos recientes y muestra un cambio cada vez más visible en los hábitos de compra de los hogares argentinos.
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