Hay una historia del 24 de marzo de 1976 que todo el mundo conoce. Y hay otra, mucho menos contada, que ocurrió en los trece días que lo precedieron. Una historia en la que el golpe fue negociado, anticipado en cables diplomáticos, anunciado en tapas de diarios y finalmente aceptado por casi todos los actores políticos del momento. Lo que sigue es esa historia.
0.40, Isabel Martínez de Perón subió al helicóptero presidencial Sikorsky S-58DT que debía llevarla a la Quinta de Olivos
14 de marzo: el FBI ya sabía todo
Diez días antes del golpe, el agregado legal de la embajada estadounidense en Buenos Aires, Robert Scherrer, envió un cable cifrado al director del FBI en Washington. En él consignaba una reunión con el general Alberto Dalla Tea, quien le había informado con precisión quirúrgica: entre el miércoles 17 y el jueves 18 de marzo, las Fuerzas Armadas derrocarían a la presidenta Isabel Martínez de Perón. Los militares mantendrían el control absoluto durante los primeros diez días.
Fuente: Cables desclasificados del FBI, National Security Archive, Washington D.C.
El golpe se demoró. No porque alguien lo hubiera impedido: los tiempos internos de la coordinación militar lo corrieron unos días. La fecha se movió al 18, luego al 20, luego al 24. En Washington, mientras tanto, el director de la CIA, George H.W. Bush, ya había mencionado ante el presidente Gerald Ford la inminencia del cambio de gobierno en Buenos Aires.
Febrero-marzo: la reunión que nadie recuerda
Quizás el dato más perturbador de esas semanas no está en los archivos de Washington sino en una reunión que permaneció fuera del relato oficial durante décadas. En febrero de 1976, el general Jorge Rafael Videla y Ricardo Balbín, líder histórico de la Unión Cívica Radical y principal figura de la oposición democrática, se encontraron en secreto en la casa de un amigo común.V
El principal referente civil de la Argentina democrática no pidió elecciones. No convocó a la resistencia institucional. Pidió rapidez. Esa frase define, mejor que cualquier análisis, el clima político de aquellos días.
Tapa del diario Crónica jueves 11 de marzo de 1976
11 de marzo: el primer asesinado antes del golpe
Trece días antes del 24, el ex gobernador de Salta Miguel Ragone fue secuestrado y asesinado por integrantes del Ejército y de la policía de Salta vinculados a la Triple A. No fue el primer crimen del período, pero sí una señal inequívoca: la maquinaria represiva ya estaba en marcha antes de que la Junta asumiera formalmente el poder. El golpe aún no había ocurrido. Los crímenes, sí.
Fuente: Causa judicial Ragone, Juzgado Federal de Salta; registro CONADEP.
22 de marzo: la última reunión en la Casa Rosada
El domingo 22, Videla comunicó a los altos mandos que la fecha definitiva era el 24 y que Isabel sería detenida. Pocas horas después, en la Casa Rosada, la presidenta convocó de urgencia a todo su gabinete, a autoridades del Partido Justicialista y al vicepresidente del Senado, Ítalo Luder, para debatir cómo frenar lo que ya era imparable.
El presidente del PJ y gobernador del Chaco, Deolindo Felipe Bittel, escuchó el informe del ministro de Defensa José Deheza sobre sus conversaciones con los comandantes y declaró que había que celebrar con champagne. Lorenzo Miguel, el poderoso sindicalista metalúrgico, salió de la reunión y le dijo a los periodistas que esperaban en la puerta que había que 'jugar' por el gobierno, usando la jerga del turf para referirse a una apuesta que ya daba por perdida.
Fuente: Testimonios de periodistas presentes en la Casa Rosada, registrados en crónicas de la época y en el libro 'El golpe' de María Seoane y Vicente Muleiro (Ed. Planeta, 2001).
Tapa del diario la razón de 1976
23 de marzo: los diarios ya titulaban el final
El martes 23, Clarín publicó en tapa: 'Inminencia de cambios en el país'. Contaba que había movimientos inusuales en el Congreso, que los legisladores retiraban sus pertenencias y pedían adelantos de sus dietas. La flota de la Armada zarpaba con 'rumbo desconocido' desde la base de Puerto Belgrano.
La sexta edición del vespertino La Razón -un diario que la inteligencia del Ejército usaba como vocero officioso- salió esa tarde sin eufemismos: 'Es inminente el final. Todo está dicho'. Ninguna redacción de Buenos Aires ignoraba lo que iba a pasar esa noche.
Fuente: Archivo de tapas, Biblioteca Nacional Mariano Moreno; hemeroteca de la Biblioteca del Congreso de la Nación.
En el Congreso, la frase que circulaba por los pasillos era precisa y brutal: 'Si no se va ella, vienen ellos'. Había existido un intento de impulsar el juicio político a Isabel para quitarle a los militares su pretexto, pero las divisiones internas del peronismo sepultaron la iniciativa.
La noche del 23: River, el cine y cincuenta militantes
Mientras la Argentina política negociaba lo inegociable, el Canal 7 transmitió esa noche el partido en que River le ganó 2 a 1 a Portuguesa de Venezuela por la Copa Libertadores. Los cines porteños estaban llenos. La ciudad vivía una noche que parecía normal.
Frente a la Casa Rosada, la policía hacía retirarse a unos cincuenta militantes peronistas que gritaban su apoyo a la presidenta. Eran los únicos que habían salido a defender al gobierno constitucional. Cincuenta personas, en una ciudad de tres millones.
Madrugada del 24: 'La perdiz cayó en el lazo'
A las 0.40, Isabel Martínez de Perón subió al helicóptero presidencial Sikorsky S-58DT que debía llevarla a la Quinta de Olivos. Instantes después, uno de los pilotos -un hombre de confianza que había sido captado por los conspiradores- anunció un 'desperfecto técnico' y desvió el vuelo hacia la zona militar del Aeroparque, donde había francotiradores desplegados en altura. El general José Villarreal la esperaba en tierra y le comunicó: 'Señora, las Fuerzas Armadas han asumido el poder político de la Nación y usted queda destituida'.
Fuente: 'Las últimas horas de Isabel Perón', reconstrucción basada en el libro de Hernán Pastor y en el expediente judicial por el golpe de Estado, Juzgado Federal Nº 1 de Buenos Aires.
En el edificio Libertador, la clave en radio militar confirmó que la presidenta había sido interceptada. La frase que usaron los comandantes entre sí para celebrarlo quedó registrada en los archivos de inteligencia: 'La perdiz cayó en el lazo'.
Lo que nadie quiere recordar
El 24 de marzo de 1976 comenzó una dictadura que dejó 30.000 desaparecidos, 800 centros clandestinos de detención, bebés apropiados y siete años de terror de Estado. Eso es lo que se recuerda cada año, y es justo recordarlo.
Pero los días previos cuentan otra historia, menos heroica y más incómoda. El golpe fue negociado con la oposición, anunciado en los diarios, anticipado en cables secretos que hoy son documentos públicos y aceptado en silencio por buena parte de la sociedad política del momento. En la Argentina de marzo de 1976, la participación de los trabajadores en el PBI era del 49,5%, la desocupación era del 3,3% y la deuda externa no superaba los 4.000 millones de dólares. El país que los militares entregaron en 1983 era irreconocible en todos esos indicadores.
Fuente: INDEC, series históricas 1974-1983; Banco Central de la República Argentina, informe de deuda externa 1983.
El 24 de marzo es el día que la Argentina recuerda. Los trece días que lo precedieron son los que todavía no termina de entender.







