17/08/2022

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Exclusivo: el papá de Azul contó su drama y apuntó contra Montenegro y las autoridades locales


Su hija sufrió un grave accidente en el colegio Don Bosco y perdió la audición. «Realmente la está pasando muy mal», expresó.





Matías Zabaleta se comunicó con El Bonaerense y brindó detalles del mal momento que está atravesando su hija. «Tiene una hipoacusia». Si bien a nivel médico se le aconsejó al implante coclear, la familia Desde el Municipio, con Montenegro a la cabeza, y el Ministerio de Educación nadie se contactó con él, lo que generó una indignación por parte de su entorno «Hice la denuncia correspondiente, me reuní con la inspectora y me confirmó que deberá intervenir el Consejo Regional. Pero nadie habló conmigo«. Respecto al trabajo realizado, no se pudo dar con los autores. Y hubo falencias en la investigación. «La escuela no dio intervención a las autoridades policiales, no se llamó a la policía, ni a bomberos ni a división explosivos», detalló Zabaleta. Y agregó que «no se levantaron las pericias correspondientes. Por lo que me dijo el representante legal de la escuela los elementos están guardados, pero los tocaron y movieron de lugar. Eso se desestimó totalmente«.





Una alumna marplatense de 15 años perdió la audición luego de que realizara un reto de Tik Tok con sus compañeros. El incidente ocurrió en el colegio Don Bosco el mes pasado en horas del mediodía, cuando un grupo de estudiantes manipulaba un explosivo de fabricación casera explotó frente a Azul Zabaleta y la desvaneció. El último viernes trascendió que la adolescente perdió el 96,4% de su audición y deberá someterse a una operación para que le coloquen dos implantes cocleares para volver a oír. Los mismos tienen un valor desde 40 a 60 mil dólares.





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La víctima tiene 15 años. El artefacto explotó en la galería del colegio donde estudia, y fue fabricado por alumnos de sexto año. Los médicos diagnosticaron hipoacusia neurosensorial bilateral muy severa, con afectación del 96,4% de incapacidad en ambos oídos. Podría afrontar un implante coclear de varios miles de dólares. Ni el colegio ni la cobertura de seguro asumirían el costo de una eventual operación.





La dura situación por la que atraviesa Azul, una chiquita de 15 años, con pérdida de audición natural diagnosticada como irreversible por la explosión de un artefacto fabricado y detonado por alumnos en el Colegio Don Bosco de Mar del Plata al que ella asiste desde el inicio de su edad educativa, genera estupor en la comunidad local.





El Colegio Don Bosco, donde ocurrió el vergonzoso hecho.




La historia empezó hace poco más de un mes, cuando un grupo de alumnos que cursan el sexto año de la escuela salesiana desarrollaron un "desafío" planteado en las redes sociales, precisamente en Tik Tok, consistente en la fabricación de "la bomba", como la llamaron desde el principio.





Pero no iba a terminar en una "travesura más" como asegura la familia que intentaron hacerlo ver desde el Colegio. Iba a terminar en la comisión de un delito de lesiones gravísimas para los autores, aún no identificados o encubiertos, de aquel hecho dramático: la explosión hizo que la alumna, concurrente al cuarto año de la institución y que pasaba -desafortunadamente- por el lugar donde explotó el artefacto, quedara imposibilitada de oír con naturalidad, con pérdida de audición casi absoluta y sentenciada a un derrotero médico por el que empezó a transitar desde ese fatídico episodio.





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Un tema no menor y que acompaña lo sucedido es que en el Colegio Don Bosco la autoridad está socavada. Días después de la explosión los alumnos llevaron una bengala que encendieron en el interior de la escuela. Nadie se quiere hacer cargo de lo que pasa puertas adentro. Los directivos, desde el de mayor rango hasta el último del espinel, miran para otro lado y desde hace mucho tiempo.





Son varios los hechos de violencia institucional que se comentan que ocurren de parte de los alumnos contra "la casa" y entre pares. Puertas arremetidas a las patadas. Griterías en las galerías. Vidrios rotos. Chicos que usan tijeras para hacer gala de presunto poder o supremacía. Pero mientras todo pasa las autoridades se escudan en lo obvio: que "no pueden hacer nada" y le achacan la culpa al Consejo Escolar, como un supuesto estamento colectivo en el que se absorben muchos de los males de la falta de autoridad por pérdida del respeto en la escuela, porque cosas como estas pasan en otros establecimientos educativos de Mar del Plata. Pero lo obvio está a la vista de todos, y es que con las excusas no alcanza.





En carne propia





Matías Zabaleta es el papá de Azul, la chiquita en cuestión. Abogado, funcionario judicial, conocedor de muchos pasillos del fuero local. Tomó el tiempo prudente para agotar el desarrollo de la evolución de su hija mientras, en paralelo, se desplegaba la vía del diálogo con el colegio. Pero los pronósticos impensados y la falta de empatía hicieron que la familia tomara la decisión de hacer pública la situación, que ya está judicializada -también-.





Relata que el 8 de julio "empezó el calvario", y que luego de varios tratamientos y terapias, incluyendo tres días de internación que le practicaron a su hija, no hubo resultados favorables.









Dice Zabaleta que el artefacto “explotó en un cesto de basura. En una botella de gaseosa con una sustancia química que produce una reacción y genera presión, hasta que explota”. Cuenta que eso fue lo que le informaron en el colegio.





Aquel día, cuando su hija era víctima de la estupidez institucional y yacía desvanecida por el impacto de la explosión, fue del trabajo a la escuela para trasladarla en sus brazos y por sus propios medios porque el servicio de ambulancias que da cobertura a la escuela todavía no llegaba, tras una hora y media de habérsele dado aviso. Todo un verdadero dislate que también debería ser investigado en el expediente judicial.





El Colegio Don Bosco no tuvo una respuesta acorde a lo sucedido. Hasta antes de que la familia saliera públicamente a contar lo ocurrido, la actitud fue la omertad. Negaron la responsabilidad que les cabe. Ocultaron la identidad de los responsables, algo que ocurre al día de hoy. No quieren asumir los cargos económicos de la atención sanitaria de la alumna. Tampoco el seguro y es ahí donde uno se pregunta ¿en manos de quién están los chicos? si ni son protegidos ante un hecho de tremenda gravedad, donde la ambulancia no acude al llamado y la cobertura del siniestro es negada. Desde el inicio todo estuvo a cargo de la familia, desde la obvia contención emocional a su hija hasta el coste de lo que va transcurriendo. Los Zabaleta en absoluta situación de desamparo. Y ahora se enfrentan a un implante coclear cuyo precio podría oscilar desde los 40.000 hasta los 60.000 dólares.





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El presente de Azul es muy duro. El diagnóstico es hipoacusia neurosensorial bilateral muy severa, con afectación del 96,4% de incapacidad en ambos oídos, confirmado por los profesionales tratantes, por lo que el pronóstico es malo, con daño de las cócleas en ambos oídos.





Ahora debe afrontar una nueva realidad. Con acompañamiento psicológico, sabiendo que se va a perder una de las etapas más importantes para los adolescentes como la concurrencia a cumpleaños de 15, participación activa en prácticas deportivas, incluso la previa al viaje de egresados y su consecuente desarrollo.





Los alumnos que llevaron adelante el hecho no cometieron una travesura sino un delito de lesiones gravísimas, porque Azul arrastrará secuelas con porcentaje de incapacidad de por vida.









La familia espera que se esclarezca lo que ha pasado. Que se sepa quiénes fueron los causantes de lo sucedido. Que el equipo directivo del Colegio Don Bosco asuma una actitud responsable frente a lo ocurrido. Ellos tienen que velar por la seguridad e integridad de todos los alumnos, en un altísimo porcentaje menores de edad. El representante legal, profesores, preceptores, directores, secretarios, hasta los encargados de la limpieza y el mantenimiento deberían ponerse en la piel y los zapatos de Azul y su familia. Si tanto se pregona por la misión educativa, este es el momento de hacer jugar los valores salesianos. Si durante décadas empatizaron con "el carisma de Don Bosco con los jóvenes" esta es la oportunidad de sacar a relucir aquello de dicen haber aprendido. Y de poner en acción lo que resalta Apocalipsis 3, 15-16 cuando exhorta "Yo conozco tus obras, que ni eres frío ni caliente. ¡Ojalá fueses frío o caliente! Por cuanto eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca". (sic).


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