11/09/2026
Un informe basado en datos oficiales advirtió que el 45,2% de los ocupados trabaja en condiciones de desprotección. Desde 2024 crecieron las changas, el cuentapropismo y el empleo informal, con especial impacto entre jóvenes, mujeres y adultos mayores.
El mercado laboral argentino atraviesa un proceso de creciente precarización. Desde 2024, más de 350 mil personas pasaron a desempeñarse en empleos desprotegidos, mientras retrocedieron los puestos públicos y privados registrados.
Los datos surgen de un informe del Instituto Argentina Grande, elaborado sobre microdatos de la Encuesta Permanente de Hogares correspondientes al primer trimestre de 2026. Según el relevamiento, el 45,2% de las personas ocupadas se encuentra en condiciones de desprotección laboral.
La categoría incluye a quienes trabajan sin aportes jubilatorios, estabilidad, continuidad, capital propio o una estructura laboral formal.
En muchos casos, quienes perdieron puestos registrados se volcaron a changas, tareas informales o actividades por cuenta propia para sostener sus ingresos.
Aunque estas personas continúan figurando estadísticamente como ocupadas, sus trabajos no necesariamente garantizan vacaciones, obra social, indemnización, licencias ni aportes previsionales.
El informe advierte que la pérdida de puestos formales no fue compensada por nuevas ocupaciones con derechos equivalentes.
Por el contrario, creció la cantidad de personas insertas en modalidades más inestables.
Desde 2024, más de 350.000 trabajadores se incorporaron al universo de empleos precarios, en un contexto de retroceso del empleo registrado.

La precarización también se refleja en los ingresos.
Durante el primer trimestre de 2026, el ingreso promedio de los trabajadores fue de $1.076.056 mensuales.
Los trabajadores por cuenta propia percibieron cerca de $524.000, un 51% menos que el promedio general.
La diferencia muestra que no todas las formas de ocupación permiten sostener niveles similares de ingreso.
Entre los asalariados sin registración, el ingreso promedio mensual rondó los $700.000.
Ese monto quedó alrededor de un 35% por debajo de la media general de los trabajadores.
A la brecha salarial se suma la falta de aportes y de cobertura social, lo que profundiza la vulnerabilidad de quienes trabajan fuera del sistema formal.
El crecimiento del empleo desprotegido no afecta solamente a los trabajadores.
También reduce los aportes destinados al sistema previsional, las obras sociales y otras herramientas de protección laboral.
Además, una mayor cantidad de personas queda fuera de los convenios colectivos y de los mecanismos tradicionales de representación sindical.
Los jóvenes aparecen entre los grupos más afectados.
La tasa de desprotección laboral pasó del 53% en 2024 al 62% en 2026, lo que representa un incremento de nueve puntos porcentuales en apenas dos años.
El deterioro muestra que el problema no se limita a conseguir empleo, sino también a la calidad de los puestos disponibles.

Entre los varones jóvenes se perdieron aproximadamente 30.000 puestos en el sector público y otros 96.000 empleos privados protegidos.
En total, desaparecieron 126.000 puestos considerados de mayor calidad laboral.
Parte de quienes quedaron fuera de esos sectores se desplazó hacia empleos informales.
Como resultado, la cantidad de varones jóvenes dentro del segmento desprotegido aumentó en alrededor de 65.000 personas.
El informe también muestra un fuerte impacto sobre las trabajadoras.
Durante los últimos dos años, el empleo privado desprotegido entre mujeres creció 14,1%, frente a un 9,3% entre los varones.
La diferencia está relacionada, en parte, con la reducción del empleo público.
De los aproximadamente 212.000 puestos estatales perdidos, 132.000 estaban ocupados por mujeres y 79.000 por hombres.
La reducción del empleo estatal empujó a una parte de las mujeres hacia actividades privadas informales o hacia el cuentapropismo.
Esos puestos suelen ofrecer menores niveles de estabilidad, ingresos y cobertura social.
El cambio resulta especialmente relevante porque el empleo público tuvo históricamente una participación femenina considerable.

La precarización también alcanza a personas en edad jubilatoria.
La cantidad de adultos mayores que continuaron trabajando o regresaron al mercado laboral aumentó 14% en los últimos dos años.
Según el informe, la mayoría se incorporó mediante empleos informales o sin protección social, principalmente para complementar ingresos previsionales.
El relevamiento muestra que el deterioro laboral no se refleja únicamente en la tasa de desempleo.
Una persona puede figurar como ocupada y, al mismo tiempo, tener ingresos bajos, no contar con aportes o depender de actividades inestables.
Con 45,2% de los ocupados en condiciones de desprotección y más de 350 mil personas desplazadas hacia empleos precarios desde 2024, la calidad del trabajo aparece como uno de los principales desafíos del mercado laboral argentino.
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