13/07/2026
Pese a la aceptación de la mayoría de los sindicatos del sector a la propuesta de aumento de la gestión de Axel Kicillof, una facción de representación docente ratificó la continuidad de las medidas de fuerza. La decisión afecta el normal dictado de clases en escuelas bonaerenses y reabre la tensión por la pérdida del poder adquisitivo en Argentina.
El conflicto docente sumó un nuevo capítulo de división interna tras la última mesa paritaria convocada por el Ministerio de Trabajo provincial. Las conducciones mayoritarias de los gremios consideraron que la oferta de incremento lograba un "equilibrio razonable" frente al avance de la inflación en el país. Sin embargo, las seccionales opositoras y las bases autoconvocadas rechazaron el porcentaje de recomposición de inmediato, catalogándolo como "insuficiente para cubrir el costo real de la canasta básica".
La continuidad de la huelga genera polémica debido a que desafía el principio de representatividad de la paritaria oficial. Mientras que para la cartera de Educación provincial el conflicto salarial ya se encuentra técnicamente saldado con la firma de las firmas mayoritarias, en la práctica el acatamiento al paro disidente genera aulas vacías en distritos clave del Gran Buenos Aires y del interior de la provincia.
Por un lado, la mesa de negociación cuenta con las firmas del Frente de Unidad Docente Bonaerense (integrado por SUTEBA, FEB, SADOP y UDOCBA) y los representantes del gobierno bonaerense de Axel Kicillof. Por el otro, el sector disidente, referenciado en la Izquierda y en las seccionales opositoras de SUTEBA, lidera la huelga de brazos caídos y coordina las asambleas para extender las jornadas de protesta.
Los directivos de las escuelas y las familias de los alumnos se encuentran en el medio del fuego cruzado, sin saber con certeza qué cursos tendrán actividad normal debido a que la adhesión al paro varía según cada establecimiento y región.
La persistencia de la huelga docente golpea de lleno la narrativa oficial de la administración bonaerense, que históricamente ha priorizado mostrar un inicio y desarrollo del ciclo lectivo ordenado en comparación con las gestiones de signo político opositor. La existencia de sectores que desconocen la tregua firmada por las cúpulas sindicales tradicionales expone la pérdida de control de la conducción gremial mayoritaria sobre sus bases más postergadas económicamente.
Desde la Dirección General de Cultura y Educación ya se baraja la posibilidad de aplicar descuentos por los días no trabajados a quienes se plieguen a la medida de fuerza no avalada por el sindicato central, una decisión que habitualmente suele tensionar aún más las relaciones laborales en las escuelas.
El salario básico de un maestro de grado sin antigüedad sigue quedando por debajo de la línea de la pobreza en las principales zonas urbanas del país, la principal bandera de reclamo de las facciones disidentes.
Esta decisión de sostener la medida de fuerza podría marcar un punto de quiebre en la estrategia de paz social que el Gobierno bonaerense intenta mantener con los empleados estatales en el segundo semestre del año. Al quebrarse la unanimidad del frente sindical, la aparición de focos de protesta autónomos no solo desafía la pauta salarial oficial, sino que también pone en evidencia que el descontento de los trabajadores de la educación corre por carriles que los acuerdos de cúpula tradicionales ya no logran contener del todo.
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