14/06/2026
A los 95 años murió Taty Almeida, presidenta de Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora. Su vida quedó atravesada por la desaparición de su hijo Alejandro en 1975 y por una militancia sostenida durante décadas en la búsqueda de memoria, verdad y justicia en Argentina.
Taty Almeida, nacida como Lidia Estela Mercedes Miy Uranga, murió a los 95 años. Su historia personal quedó definida por la desaparición de su hijo Alejandro, ocurrida el 17 de junio de 1975, cuando salió de su casa y no regresó.
Desde ese momento inició una búsqueda que se extendió por décadas y que la llevó a golpear puertas en ámbitos militares, judiciales e internacionales sin obtener respuestas sobre su paradero.
Con el paso del tiempo, Taty se integró a Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora. Allí encontró un espacio colectivo donde su historia individual se convirtió en parte de una lucha común.
La Plaza de Mayo se transformó en el centro simbólico de su militancia, junto a otras madres que reclamaban por sus hijos desaparecidos durante la dictadura.
Durante la última dictadura y luego en democracia, Taty Almeida sostuvo su reclamo en diferentes instancias.
En 1979 denunció la desaparición de su hijo ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. Más tarde, con el retorno democrático, participó de la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas, sin abandonar la movilización social.
Dentro del movimiento, Taty impulsó la idea de que la represión estatal comenzó antes del golpe de 1976. Su voz se convirtió en referencia dentro de la construcción del relato de memoria, verdad y justicia.
En 2024 asumió la presidencia de Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora, manteniendo una presencia activa en actos, marchas y actividades públicas.
En sus últimos años recibió distinciones institucionales, entre ellas el reconocimiento de la Universidad de Buenos Aires con el título honoris causa.
También participó en espacios de comunicación y organismos de derechos humanos, donde reforzó la continuidad del reclamo histórico de las Madres.
La muerte de Taty Almeida deja un vacío en el movimiento de derechos humanos en Argentina. Su figura queda asociada a la búsqueda incesante de su hijo y a una militancia que atravesó generaciones.
Su legado se inscribe en la construcción de memoria colectiva y en la lucha sostenida contra la impunidad estatal.
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