11/05/2026
Tras 60 años de actividad, la planta de negro de humo cesó sus operaciones dejando a 150 familias en la calle. El gremio y los operarios se movilizaron hasta el Palacio Municipal para exigir respuestas ante un cierre que golpea al corazón productivo bonaerense.
La ciudad de Campana atraviesa horas de profunda incertidumbre tras confirmarse el cierre definitivo de la planta de Cabot Argentina, una fábrica emblemática inaugurada en 1962.
El anuncio del desmantelamiento de la planta, ubicada sobre la avenida Larrabure, cayó como un balde de agua fría en la comunidad. Cabot era la única productora en el país de negro de humo, un insumo crítico para la fabricación de neumáticos, tintas y plásticos.

Durante la movilización, los cánticos y pancartas reflejaron la angustia de familias que, en muchos casos, cuentan con dos generaciones de operarios dentro de la misma fábrica. La columna de manifestantes se concentró frente a la Municipalidad, donde una comitiva de delegados fue recibida por el jefe comunal, Sebastián Abella, para solicitar su mediación ante el Ministerio de Trabajo y la empresa.
El contexto económico nacional no es ajeno a este cierre. El corredor industrial Zárate-Campana, uno de los más potentes de Argentina, viene sufriendo el impacto de la apertura de importaciones y la recesión del sector automotriz. La pérdida de Cabot no solo implica desempleo directo, sino un golpe de gracia a decenas de pymes locales que prestaban servicios de mantenimiento, logística y comedor a la planta.

Tras el encuentro en el Palacio Municipal, los voceros de los trabajadores destacaron la importancia de que el municipio tome un rol activo. El intendente Sebastián Abella se comprometió a gestionar canales de diálogo con la Provincia para analizar posibles subsidios o programas de reconversión laboral, aunque los operarios insisten en que el objetivo primordial es evitar el desmantelamiento de las máquinas para mantener viva la posibilidad de una reactivación.
El conflicto afecta principalmente a operarios bajo el ala del Sindicato de Químicos y Petroquímicos, pero el "efecto derrame" es mucho mayor. Se estima que, sumando los empleos indirectos en logística y servicios, el cierre de la histórica fábrica en Campana impacta en más de 200 familias. La preocupación se extiende a las plantas de neumáticos del país, que ahora deberán importar el 100% del negro de humo, encareciendo los costos de producción nacional.
Este escenario representa un desafío político de magnitud para el gobierno local y una señal de alerta para la administración provincial. Mientras la macroeconomía busca señales de estabilización, la "micro" en ciudades industriales como Campana muestra una realidad de persianas bajas y pérdida de capital humano calificado. Si el conflicto no encuentra una vía de contención en las próximas horas, la conflictividad social en el norte bonaerense podría intensificarse, convirtiendo a Campana en el epicentro de un reclamo que trasciende lo laboral para volverse una demanda de soberanía industrial.
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