27/04/2026
El paso de Franco Colapinto por Buenos Aires dejó una huella imborrable. En un evento que combinó espectáculo, automovilismo y pasión, el joven piloto argentino encabezó un road show que transformó las calles de Palermo en una verdadera fiesta popular.
Desde las primeras horas del día, una multitud se acercó a la Avenida del Libertador para asegurarse un lugar. Con música, animación y un clima de expectativa creciente, el momento más esperado llegó cuando el silencio se apoderó del lugar y comenzó a escucharse el rugido del motor. Era la señal: Colapinto ya estaba listo para salir a pista.
A bordo de un monoplaza Lotus E20 del equipo Alpine, el piloto salió del box y desató la euforia. El sonido del motor V8 y la velocidad en plena ciudad generaron una experiencia única, con el público acompañando cada pasada con aplausos y cánticos.
El recorrido incluyó la zona del Monumento de los Españoles, donde Colapinto realizó maniobras que encendieron a la multitud: trompos, aceleraciones y derrapes que llenaron el ambiente de humo y adrenalina. Las tribunas y los balcones cercanos se convirtieron en puntos privilegiados para seguir el espectáculo.

El piloto argentino protagonizó una jornada única en Palermo, donde miles de fanáticos disfrutaron de una exhibición a pura velocidad, emoción y cercanía.
Tras la primera salida, el piloto se acercó a saludar a los fanáticos, que lo recibieron con una ovación. La conexión con la gente fue uno de los grandes protagonistas del evento, con escenas de entusiasmo total y un clima festivo que no decayó en toda la jornada.
Uno de los momentos más emotivos se dio fuera de la pista, cuando Colapinto se tomó un instante para saludar a su abuela antes de continuar con la actividad, reflejando el costado más personal de un día muy especial.
El evento también contó con la presencia de figuras destacadas como Leandro Paredes, Miguel Merentiel y Bizarrap, quienes se acercaron para acompañar al piloto y vivir de cerca la experiencia.
En la segunda salida, Colapinto elevó aún más el nivel del espectáculo. Las clásicas "donas" y las maniobras al límite hicieron estallar al público, que respondió con un aliento constante. El cierre fue impactante: humo, fuego controlado y una imagen icónica del piloto levantando la bandera argentina sobre el monoplaza.
La jornada concluyó con una última vuelta en un vehículo descubierto, desde donde Colapinto saludó a los miles de asistentes. Emocionado, dejó en claro lo que significó el evento: una experiencia única que quedará grabada para siempre.
Buenos Aires vivió así un día distinto, en el que la Fórmula 1 se acercó a la gente y convirtió la ciudad en un escenario inolvidable. Y en el centro de todo estuvo Colapinto, el protagonista de una fiesta que superó todas las expectativas.
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