09/04/2026

Polìtica

Kicillof se corre y agita tensiones: giros incómodos, alianzas inesperadas y ruido en el kirchnerismo

El gobernador bonaerense ensaya un viraje hacia sectores que históricamente cuestionó. Fotos con evangelistas, contactos con dirigentes del PRO y malestar interno exponen un corrimiento que muchos leen como necesidad más que como convicción.

El gobernador de la provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof, atraviesa una etapa de fuertes contradicciones políticas. En medio de un escenario adverso, comenzó a mostrar un corrimiento hacia sectores que durante años criticó, en un movimiento que dentro del propio peronismo ya genera incomodidad y desconfianza.

Lejos de su identidad histórica más ideologizada, el mandatario ensaya un viraje que muchos interpretan no como una evolución política, sino como una respuesta forzada ante la necesidad de sostener volumen electoral.


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De la confrontación al pragmatismo incómodo

Uno de los episodios más llamativos fue su foto con pastores evangelistas, un gesto que en su entorno intentaron relativizar, pero que dejó expuesta una búsqueda de apoyo en sectores donde el kirchnerismo nunca logró hacer pie.

Para varios dirigentes del espacio, se trató de un movimiento incómodo: el mismo Kicillof que durante años sostuvo posiciones progresistas ahora intenta acercarse a un electorado más conservador, en una señal que muchos leen como un abandono de banderas más que como una ampliación genuina.


Puentes con la vereda de enfrente

El corrimiento también se refleja en sus contactos políticos. Las reuniones con Nicolás Massot y Emilio Monzó, ambos con pasado y vínculos en el PRO, encendieron alarmas en el kirchnerismo duro.

A esto se suma su histórica relación con el gobernador de Chubut, Ignacio Torres, un dirigente de Juntos por el Cambio. Si bien ese vínculo no es nuevo, en el actual contexto adquiere otro significado: refuerza la idea de un acercamiento a sectores que hasta hace poco eran adversarios directos.

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Kicillof recibió a pastores en la Gobernación bonaerense y se mostró públicamente en una foto que habla por sí sola.


Puertas adentro, algunos lo definen sin rodeos: "pragmatismo obligado". Otros van más allá y hablan de incoherencia política.

Ruido interno y pérdida de identidad

El giro no pasa inadvertido dentro del kirchnerismo. Sectores más duros empiezan a expresar, por lo bajo, preocupación por lo que consideran una pérdida de identidad.

El malestar crece especialmente entre dirigentes que ven en estos movimientos un intento de correrse del núcleo histórico del espacio para seducir votantes que, hasta ahora, le eran esquivos.

En ese marco, el viraje de Kicillof reabre una discusión incómoda: hasta dónde se puede ceder sin desdibujar el proyecto político.

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Un corrimiento condicionado

El contexto explica parte del movimiento. Con un escenario económico complejo y un oficialismo nacional que logró reconfigurar el tablero, el gobernador enfrenta límites claros para crecer dentro de su propio electorado.

Pero lejos de consolidarse como una jugada sólida, el corrimiento expone debilidades: la necesidad de buscar respaldo en sectores ajenos y el riesgo de quedar atrapado entre dos mundos, sin terminar de convencer ni a propios ni a extraños.

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Entre la necesidad y el oportunismo

Más que un rediseño político, lo que empieza a verse es un dirigente que ajusta su discurso y sus vínculos en función de un contexto adverso.

Las fotos, las reuniones y los nuevos interlocutores no alcanzan para ocultar la tensión de fondo: el intento de correrse hacia posiciones más moderadas convive con una base política que mira esos movimientos con recelo.

El interrogante no es menor. Porque en este escenario, el viraje de Kicillof no aparece como una evolución natural, sino como una señal de que, con su esquema tradicional, ya no le alcanza.

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