01/04/2026

El Bona

Un viaje entre la memoria, la emoción y el desafío de construir un destino común.

Animarse a descubrir Malvinas.

por
Carlos Mazalán y Juan Martín Encina Amatriain

Un viaje soñado

Soy Carlos, el editor de esta publicación, sabiendo que visite Malvinas por una semana, me pidió una crónica como homenaje en esta fecha, pero sabiendo que en mi cabeza todavía no terminó de procesar el viaje, por estar muy repleto de información y datos (de una y otra parte), sentí la necesidad de pedirle a quien me invitó a vivir esta aventura que él fuera que escribiera.

Por eso es que Juan Martín, autor del libro "Malvinas, tan cerca y tan lejos de casa" les contará su visión. Yo solo quiero decir con respeto para quienes lucharon, para quienes vivieron y viven en tiempo presente la historia, para quienes ya no están, y para los que crecimos con la convicción de que ese suelo tiene nuestra sangre, que es una tierra bella, hermosa, con libertad salvaje, con paisajes inesperadamente extraordinarios y con un lugar en el mundo privilegiado que tiene más historia que la que me enseñaron y aprendí. La siento lejana y cerca. Pero la siento como pocos lugares que he visitado.

Los dejo con Juan Martín Encina Amatriain.

Carlos Mazalán


____________

Confieso que no puedo precisar con exactitud cuándo comenzó mi interés por conocer las Islas Malvinas. La memoria me lleva a las aulas donde cursé la escuela primaria, a inicios de los años setenta. Fue allí donde escuché su nombre por primera vez, de boca de mi maestra de entonces, la señorita Gladys.

Era un tiempo en el que los alumnos idolatrábamos a los maestros y a su vez ellos nos inculcaban un sentimiento de amor y respeto por la argentinidad y sus símbolos patrios.

Las Islas Malvinas eran mencionadas en aquel entonces como una parte integrante del territorio virreinal legítimamente heredado de España luego de nuestra independencia; pero a pesar de eso, un 3 de enero de 1833 Inglaterra nos las había arrebatado por la fuerza. No mucho más.

Nuestra historia de desencuentros con Gran Bretaña ponía mucho más énfasis en la epopeya que había significado la defensa y posterior reconquista de Buenos Aires durante las Invasiones Inglesas, así como en la derrota con ribetes de heroísmo que significó la batalla de la Vuelta de Obligado a manos de una escuadra anglo francesa. Nada se decía respecto de los años siguientes en los cuales se sucedieron victorias criollas en distintos enfrentamientos a lo largo del río Paraná, que finalmente obligaron a Inglaterra y Francia a firmar tratados de paz con el gobierno de la Confederación Argentina, reconociendo su soberanía sobre los ríos interiores. Más allá de eso, nadie en su sano juicio era capaz de avizorar que algún día tendría lugar una tercera pulseada entre ambos contendientes.

Vista de las islas desde el avión

Los pormenores del desalojo de las autoridades argentinas designadas en las Islas Malvinas, como así también de los pobladores que habitaban Puerto Soledad, aparecían como algo lejano y nos referíamos a la capital de las Islas como Puerto Stanley, su denominación actual según los isleños. Poco y nada conocíamos de esas tierras que habían quedado envueltas en las brumas de la historia; mucho menos de la vida de sus habitantes, que de tanto en tanto, se aventuraban a cruzar al continente o de la ayuda que en distintos rubros la Argentina les proporcionaba.

El 2 de abril de 1982, al igual que millones de argentinos, amanecí con la noticia de la recuperación de las Islas Malvinas por parte de Argentina. Una mezcla de estupor y profundo sentimiento patriótico nos embargó a todos. De pronto, el país se tiñó de gesta. La marcha de Malvinas comenzó a sonar en las radios y se entonaba en los colegios al comenzar el día.

Los ciudadanos más informados seguían con atención el devenir de las frenéticas negociaciones diplomáticas que procuraban evitar que se llegara a un enfrentamiento armado, y muy pocos comprendían que el país indefectiblemente estaba a un paso de una guerra como la Argentina no había tenido que librar en más de un siglo.

Carlos Mazalán contemplando las Malvinas

Lo sucedido a partir de ese día es historia conocida. Setenta y cuatro largos días de entrega, resistencia y enorme sacrificio por parte de las fuerzas argentinas, que terminaron con la firma de un acta de rendición. Se anunció por cadena nacional: "El combate de Puerto Argentino ha finalizado..." Una frase escueta y brutalmente enunciativa, como si eso fuera suficiente.

A partir de ese momento las tropas argentinas tuvieron que emprender un amargo regreso para enfrentar primero el ocultamiento de sus jefes y luego la indiferencia de una buena parte de la población. ¿Adónde había quedado la euforia con la que los Argentinos llenaron la Plaza de Mayo unas semanas antes? Parecía que todo hubiese sido en vano. De pronto, las Malvinas volvieron a cubrirse de silencio.

Debieron pasar algunos años, quizás hasta un par de décadas como para que muy tímidamente el nombre de Malvinas renaciera en nuestra cotidianidad.

Por momentos un cartel en la ruta nos recordaba su vínculo indeleble con la Argentina, otras veces un mural pintado en las paredes de algún barrio, la letra de una canción o quizás el inconsciente colectivo, hizo que el recuerdo de "Los pibes de Malvinas" se hiciera presente hasta en el cántico de los hinchas de fútbol.

Antes vs ahora: postales de la guerra

Sin embargo, una pregunta flota en el aire. ¿Qué tan cerca de nosotros están las Islas Malvinas? Me permito dudar ya que cada vez que mencionaba mi intención de visitar las Islas, me encontraba frente a los mismos interrogantes: ¿A dónde? ¿Qué vas a hacer ahí? ¿Los argentinos podemos viajar allá? ¿En qué vas a ir? ¿Una semana, no es mucho tiempo? Como si el destino elegido hubiese sido algún lugar perdido en el desierto de Gobi. Solo unos pocos me alentaron, a la vez que se ilusionaron con la posibilidad que algún día pudieran hacer lo mismo.

Estaba claro que las Islas seguían allí, geográficamente cercanas a nuestras costas, pero inconscientemente ubicadas en aquel mismo lugar lejano en el que las descubrí cuando era niño y a pesar de todo lo vivido, todavía envueltas en un halo de misterio. ¿Será por ese motivo que me atraían tanto?

Y fue precisamente ese deseo de correr el velo, de descubrir Malvinas como aquel que busca conocer y reencontrarse con un ser querido del cual tanto ha escuchado, la razón principal que impulsó mi viaje.

Restos de lo que dejó la guerra

Al regresar de las Islas, volví profundamente impactado, con la sensación de que más que haber realizado un viaje, había vivido una experiencia que me había permitido adivinar la respuesta. Por otra parte, mi visita a las Islas generó en mí el compromiso de ayudar a otros argentinos a descubrir esta tierra.

Las Islas para la gran mayoría de los argentinos se han transformado en un ícono con distintos significados. Para algunos el recuerdo de la Guerra les genera dolor y sufrimiento; para otros, es sinónimo de heroísmo, entrega y sacrificio. Pero quizás también y por encima de todo ello, Malvinas es el último eslabón de una larga serie de eventos históricos que ha servido de catalizador para unirnos a todos los argentinos detrás de una causa común.

Siento que Malvinas es un asunto que desde hace años nos interpela como sociedad. En tal sentido, ¿qué tan claro resulta para el común de los argentinos que el hecho de reclamar la soberanía sobre las Islas Malvinas, a su vez, nos confronta con la enorme responsabilidad de volver a construir un país que así lo merezca?

Pingüinos en las costas de la isla

Me intriga saber cuánto tiempo más llevará hasta que la Argentina pueda hacer valer su derecho. Sin duda, el desafío de poder hacerlo esta vez en paz es mayúsculo y eso, requerirá que demostremos una enorme madurez como país.

Mientras tanto eso suceda, los argentinos debemos animarnos a descubrir en paz esta tierra tan querida, en homenaje y como muestra de respeto hacia todos aquellos que ofrendaron sus vidas para hacer valer nuestro derecho soberano. Mientras escribo esto, vienen a mi memoria infinidad de imágenes y recuerdos de mi recorrido por esa tierra y entre ellos, un encuentro fortuito con un veterano de guerra llamado Fernando Alturria. Cuarenta y cuatro años atrás, había llegado a las Islas con apenas dieciocho años y desde entonces, cada vez que podía regresaba a las Islas para reencontrarse con sus fantasmas y a su vez paradójicamente, encontrar paz para su alma. Sin estridencias ni gestos grandilocuentes le escuché decir algo que guardaré para siempre y cambió el sentido a mi viaje: para mantener viva la memoria es necesario conocer esta tierra y al hacerlo,"cada argentino que pisa las Islas se convierte en una bandera argentina flameando".

Juan Martín Encina Amatriain

Autor de "Malvinas, tan cerca y tan lejos de casa"

IG: Juanmartin67


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