Italia hizo lo que tenía que hacer, pero no sin antes atravesar momentos de tensión. En Bérgamo, derrotó 2-0 a Irlanda del Norte y se metió en la final del repechaje europeo, quedando a un triunfo de volver a un Mundial tras sus ausencias recientes.
El equipo de Gennaro Gattuso asumió el protagonismo desde el inicio, aunque le costó transformar ese dominio en situaciones realmente claras. Con la presión de jugar en casa y la necesidad de ganar, la Azzurra mostró por momentos cierta ansiedad, lo que le quitó fluidez en los últimos metros.
Durante la primera mitad, generó aproximaciones pero se encontró con un rival que resistió con orden y aprovechó algunas dudas defensivas para inquietar de contra. El empate sin goles al descanso reflejaba un desarrollo más incómodo de lo esperado para los italianos.
En el complemento, el escenario cambió. Italia salió con otra decisión y logró romper el partido a partir de su insistencia. El gol de Sandro Tonali llegó como un desahogo necesario y terminó de acomodar al equipo en el campo.

Con la ventaja, la Azzurra ganó tranquilidad y empezó a manejar mejor los tiempos, mientras Irlanda del Norte se veía obligada a adelantarse. En ese contexto, aparecieron los espacios y el equipo local supo aprovecharlos.
Moise Kean fue el encargado de cerrar la historia con una definición precisa dentro del área, sellando un 2-0 que terminó reflejando la superioridad italiana en el segundo tiempo.
El final encontró a Italia con alivio y confianza. Superó un partido que podía complicarse y ahora tendrá una última prueba por delante. Noventa minutos separan a la Azzurra de volver al Mundial, un objetivo que, por historia y necesidad, se volvió imprescindible.