24/03/2026
Un informe de marzo indica que el 56,4% de los hogares tomó deuda en seis meses y casi el 90% tiene problemas para pagarla. Además, el 83,9% afirma que su ingreso pierde frente a los precios y más de la mitad no supera el día 20 con dinero disponible.
El endeudamiento familiar se consolidó como una de las principales herramientas para sostener el consumo en Argentina. Según un relevamiento de marzo, el 56,4% de los hogares tomó algún tipo de crédito en los últimos seis meses.
Dentro de ese grupo, casi el 90% presenta dificultades para cumplir con los pagos. Este dato refleja un cambio en el uso del crédito: dejó de estar asociado a inversiones o mejoras y pasó a cubrir gastos cotidianos.

Los principales destinos del endeudamiento incluyen el pago de tarjetas de crédito, servicios, alquileres y compra de bienes esenciales. Esto indica que el financiamiento no se orienta a generar ingresos futuros, sino a resolver necesidades inmediatas.
Cuando el ingreso no alcanza, el crédito aparece como complemento. Sin embargo, su acumulación genera una cadena de obligaciones que incrementa las dificultades de pago en el corto plazo.
El 83,9% de los encuestados afirmó que su salario no logra superar la inflación. Este dato se traduce en una reducción del poder adquisitivo y en una menor capacidad de consumo.
Además, más de la mitad de la población no logra llegar al día 20 del mes con sus ingresos. Este indicador se utiliza como referencia directa del deterioro económico en los hogares.

El fenómeno muestra una transformación en la función del crédito dentro de la economía doméstica. La deuda dejó de ser una herramienta financiera ocasional y se convirtió en un mecanismo de subsistencia.
Este proceso sigue una secuencia identificable: caída del poder adquisitivo, dificultad para cubrir gastos mensuales, recurso al crédito y posterior imposibilidad de pago. Este circuito se repite de manera extendida en la mayoría de los hogares.
Más del 53% de la población se identifica como parte de la clase baja, lo que refleja una percepción económica concreta. En paralelo, cerca de 6 de cada 10 personas consideran que la situación del país es mala o muy mala.
Las decisiones económicas se reorganizan bajo una lógica defensiva, donde el objetivo principal es sostener niveles mínimos de consumo.

El 65,8% de la población considera que el índice de inflación no refleja la realidad de los precios. Esta percepción surge de la comparación directa entre el dato oficial y la experiencia cotidiana.
Cuando los ingresos pierden frente a los precios y no alcanzan para cubrir el mes, la medición pierde credibilidad. La inflación deja de ser un dato técnico y se mide en función de cuánto dura el dinero disponible.
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