23/03/2026
Mientras el crudo internacional retrocede un 9%, las refinadoras locales siguen vendiendo por debajo de sus costos; los precios en los surtidores porteños subieron 19% en el último mes y acumulan un alza del 22% en el año.
El precio del litro de nafta en la Argentina aumentó en las últimas semanas y ya se ubica entre los más altos de América del Sur, solo por debajo de Uruguay y Perú. La suba, que comenzó a fines de febrero, impacta directamente en el bolsillo de los consumidores y en el costo de vida. Según un relevamiento de GlobalPetrolPrices, el litro de nafta en la Argentina alcanza los USD 1,343, ubicándose entre los valores más elevados de la región.
El ranking regional muestra una fuerte dispersión. Uruguay lidera con USD 1,899 por litro, seguido por Perú con valores similares a los de la Argentina. En contraste, Venezuela registra el precio más bajo, con apenas USD 0,035.
Otros países presentan valores intermedios: Chile ronda los USD 1,337, Brasil los USD 1,229, Colombia USD 1,079 y Paraguay USD 1,052. Ecuador, con USD 0,729, también se posiciona entre los más accesibles. Esta diferencia refleja políticas energéticas distintas, niveles de subsidios y estructuras de costos que varían según cada economía. El principal factor detrás de los aumentos es el encarecimiento del petróleo a nivel internacional. La escalada del conflicto en Medio Oriente impulsó el precio del barril de Brent por encima de los 100 dólares, generando presión sobre los mercados energéticos.
En la Argentina, este escenario derivó en una suba cercana al 9% en los surtidores desde el inicio de la crisis. El traslado fue casi inmediato y rompió con la tendencia de incrementos moderados que se había observado en los primeros meses del año. A nivel local, la política de precios también influyó. En las últimas semanas se aplicó el criterio de "paridad de exportación", que busca alinear los valores internos con los internacionales para maximizar el ingreso de divisas por exportaciones.
El aumento de los combustibles tiene un efecto directo sobre la inflación. Consultoras privadas estiman que un incremento del 10% en naftas y gasoil puede sumar alrededor de 0,37 puntos porcentuales al índice de precios al consumidor. Para marzo, las proyecciones ubican la inflación en torno al 2,8%, en parte explicada por este factor.
A nivel local, las petroleras anticiparon que buscarán moderar las subas mediante ajustes segmentados, aunque no hay garantías sobre su efectividad si la tensión global persiste. En paralelo, el Gobierno analiza medidas para amortiguar el impacto, mientras en el Congreso avanza un proyecto para obligar a informar con anticipación los aumentos de combustibles.
También se adoptaron decisiones para postergar el traslado a precios del gas importado, con el objetivo de contener los costos durante el invierno. En este contexto, los precios en surtidores seguirán de cerca la volatilidad internacional, con impacto directo en la inflación y en la dinámica económica de los próximos meses.
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