25/02/2026
La vicepresidenta elevó su perfil crítico frente a decisiones del Ejecutivo y expone diferencias con el núcleo de Milei. Su enfoque nacionalista contrasta con la apertura comercial impulsada por el Gobierno.
La vicepresidenta Victoria Villarruel marcó distancia del alineamiento total con Javier Milei.
Su enfoque nacionalista contrasta con la apertura comercial impulsada por el Gobierno.
El mal vínculo entre ambos líderes se remonta a tensiones políticas internas desde antes de asumir.
Villarruel se diferencia de la Casa Rosada en materias económicas y prioridades de política exterior.
La interna oficialista se da mientras el Gobierno intenta avanzar en su agenda.
En el seno del Gobierno de Javier Milei, la titular del Senado y vicepresidenta, Victoria Villarruel, volvió a marcar sus diferencias con el jefe del Ejecutivo y su círculo más cercano. En las últimas semanas, a través de sus redes sociales, planteó una disyuntiva explícita entre "Nacionalismo o Globalismo", en respuesta a decisiones políticas externas como la anulación de aranceles de Estados Unidos, interpretación que introdujo en la interna oficialista.
Villarruel cuestionó con dureza algunos pilares del modelo económico que impulsa La Libertad Avanza, particularmente la apertura comercial indiscriminada que, según su mirada, profundiza la dependencia del país. Para ella, sin producción nacional y sin empleo local, no existen políticas gubernamentales "reales". En ese contexto, planteó que al priorizar la apertura de mercados se favorece la dependencia incluso en lo mínimo de economías como la china.
Este señalamiento contrastó con posiciones dentro del Gobierno que defienden la competitividad internacional y la apertura de importaciones para reactivar sectores productivos. La tensión refleja no solo matices dentro de La Libertad Avanza, sino una divergencia más marcada entre la vicepresidencia y el núcleo político más cercano al presidente.
La distancia entre Villarruel y Milei se remonta a meses antes de la asunción, y desde entonces esas diferencias se hicieron visibles en decisiones clave de la gestión. Fuentes políticas señalaron que la vicepresidenta quedó aparte de decisiones cotidianas del Gobierno y que su rol operativo fue disminuyendo con el tiempo, incluso hasta el punto de no participar de reuniones de gabinete, según declaraciones del propio presidente en el pasado.
Mientras el Gobierno buscaba avanzar con proyectos emblemáticos en el Congreso, inclusive con apoyo legislativo en iniciativas como la reforma laboral, la presencia de una visión alternativa desde la vicepresidencia añade una capa de complejidad a la coalición oficialista.
La postura expresada por Villarruel no solo tiene implicancias domésticas, sino que también se interpreta como una señal política hacia sectores más tradicionales de la derecha y del nacionalismo, diferenciándose de la narrativa ultra-liberal que caracteriza la gestión central. Su insistencia en priorizar industria y producción nacional, así como su lectura crítica sobre decisiones económicas externas, exhibe un perfil que se presenta con agenda propia.
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