15/07/2025
Ser inquieto o distraído no siempre es señal de TDAH. Muchos niños atraviesan etapas de alta energía o falta de atención sin que eso implique un trastorno. Especialistas consultados por El BONARENSE destacan la importancia de evaluar el contexto, la frecuencia y la intensidad de estas conductas antes de pensar en un diagnóstico. ¿Qué tener en cuenta y cuándo consultar a un profesional?
En los últimos años, se ha registrado un aumento sostenido en los diagnósticos de trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH), una condición del neurodesarrollo que afecta la atención, la impulsividad y el control de la actividad motora, con impacto directo en la vida escolar, familiar y social de quienes lo padecen.

De acuerdo con un
informe reciente de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades
(CDC) de Estados Unidos, cerca de 1 de cada 9 niños entre 3 y 17 años recibió
un diagnóstico de TDAH. Los datos, publicados en el Journal of Clinical Child
& Adolescent Psychology, revelan que en 2022 la cifra de menores diagnosticados
ascendió a 7,1 millones, lo que representa un millón más que en 2016. Este
aumento, según los especialistas, responde a múltiples factores, entre ellos
una mayor conciencia pública sobre el trastorno, mejoras en la capacidad
diagnóstica y, en parte, los efectos de la pandemia, que hizo más visibles los
síntomas en contextos de encierro y escolaridad remota.
El TDAH puede
presentarse con diferentes niveles de intensidad y características. En general,
los síntomas incluyen falta de atención persistente, hiperactividad y
comportamientos impulsivos, que se manifiestan de forma constante y afectan el
funcionamiento diario. La psicóloga Florencia Alfie lo define como una
alteración del neurodesarrollo que puede derivar en baja autoestima,
dificultades para relacionarse y menor rendimiento académico si no se trata a
tiempo.
Un aspecto que ha comenzado a modificarse es la brecha de género en los diagnósticos. Tradicionalmente, los varones han sido diagnosticados con mayor frecuencia, dado que tienden a mostrar síntomas más visibles como la hiperactividad. En cambio, en muchas niñas, el TDAH se manifiesta a través de la desatención o la distracción, lo que llevó durante años a un subregistro de casos. La visibilización de estas diferencias está permitiendo detectar más casos en niñas, reduciendo la disparidad.

Entre las señales de
alerta que pueden indicar la presencia de TDAH se encuentran la dificultad para
mantener la atención en tareas o juegos, errores frecuentes por descuido,
inquietud motora, impaciencia, dificultad para esperar turnos, interrupciones
constantes al hablar y comportamiento impulsivo.
A pesar del incremento
en los diagnósticos, los especialistas advierten que solo alrededor del 50% de
los niños con TDAH recibe tratamiento farmacológico. Esto se debe, en parte, al
desconocimiento, la estigmatización o la resistencia de algunas familias frente
a los abordajes médicos. No obstante, los expertos coinciden en que el
tratamiento temprano es clave para evitar complicaciones a largo plazo, tanto
en el desarrollo emocional como en el desempeño académico y social.
El abordaje del TDAH
debe ser integral. Puede incluir medicación para mejorar la concentración y
reducir la impulsividad, psicoterapia (especialmente terapia
cognitivo-conductual), estrategias de acompañamiento escolar y orientación a
padres y docentes. Según la psiquiatra Andrea Abadi, el entorno tiene un rol
fundamental en el acompañamiento del niño, ya que las adaptaciones pedagógicas
y la contención emocional mejoran significativamente el pronóstico.
Detectar el TDAH a
tiempo no solo permite ofrecer herramientas eficaces a los niños, niñas y
adolescentes que lo padecen, sino que también es una oportunidad para evitar
que se consoliden dificultades que podrían acompañarlos hasta la vida adulta.
Un diagnóstico temprano, un tratamiento adecuado y el acompañamiento continuo
son los pilares para garantizar su bienestar y pleno desarrollo.
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